Con manos frías me siento frente al escritorio
la cabeza, un remolino de emociones sin un propósito,
entre sueños, líneas borrosas y frases transcurren los días.
Un viernes, frío y nublado como mi cabeza
busco qué leer y te encuentro
aún no entiendo el sentido de lo que decís.
Cuando duermo mi vista apunta a una sola dirección,
a aferrarme a aquello que me hace sentir segura,
pero despierta libro la batalla hacia aquello que ya está perdido.
Una tarde de viernes, hace frío,
las horas pasan como una marcha monótona
y al mirar el reloj ya no sé si espero o desespero.
Ayer fue un mensaje, hoy fue una llamada,
así como la tierra se deja ver en medio de un naufragio,
el teléfono se vislumbra como una esperanza.
Los sueños gritan en mi cabeza, tengo miles
a veces los miedos vienen a nublarlos,
pero pronto se harán realidad.
La sonrisa de esta mañana
se borra con las dudas
o quizá se esconde para sentirse segura.
Hoy vivo en un viernes, frío y nublado
frente a un escritorio y las horas que marchan monótonas,
y es a esto a lo que yo le llamo el día de la incomprensión.
Cata 4-10-13